Increíbles muestras de valentía, arrojo y patriotismo son las que posee el Asalto y Toma del Morro de Arica, acontecimiento bélico que resultó determinante en el desenlace de la Guerra del Pacífico y que elevó a la categoría de héroes, a algunos elegidos por el destino, tanto chilenos, como peruanos.

 

Por Walter Gómez Parra, periodista de la VI División de Ejército.

 

En el amanecer del 7 de junio de 1880 y en sólo 55 minutos de intensa lucha, tuvo lugar una de las victorias que más engalanan la historia militar chilena y que fue escrita con sangre y fuego. La importancia que tuvo “el Asalto y Toma del Morro de Arica” o también conocida como “la Batalla de Arica”, en el resultado final de la Guerra del Pacífico, no deja espacio para la interrogante, lo que enaltece aún más el sacrificio y heroísmo de quienes dejaron la vida por su patria en aquel campo de batalla, en donde hoy se yergue parte importante de la población ariqueña.

Y es que el considerado “inexpugnable” por muchos expertos de la época, definitivamente era una plaza fortificada y artillada con tres fuertes ubicados en los terrenos bajos y situados en la parte norte de la ciudad, y otros tres emplazados en el morro, lo que sumado a un complejo sistema de minas, daban una fuerte protección a las tropas peruanas dirigidas por el Coronel Francisco Bolognesi, quien además junto a sus oficiales, juró no rendirse y “quemar hasta el último cartucho”.

Sin rendición

El comandante de la plaza de Arica, el coronel peruano Francisco Bolognesi, sin lugar a dudas es uno de los héroes que dejó esta inmortal batalla, que cobró 1.170  vidas (700 peruanas y 470 chilenas), entre las que se cuenta la suya, quien dispuso defender Arica hasta las últimas consecuencias, con un contingente de más de 1.900 efectivos, a quienes motivó para una lucha sin cuartel contra las tropas chilenas. Incluso así lo dejó de manifiesto en un mensaje enviado el día 5 de junio a su Alto Mando, donde señaló que“ resistiremos hasta quemar el último cartucho”, dando una clara muestra de sus intenciones.

Y es que el coronel Francisco Bolognesi tuvo un amor a su patria siempre destacable, demostrando preocupación por los destinos de Perú prácticamente durante toda su vida. Es así como desde temprana edad trabajó en el rotativo El Comercio de Arequipa. Luego estudió contabilidad y llegó a dominar el francés. A los 24 años se dedicó a los negocios de manera independiente, pero su principal interés estaba en la vida política del país, que por aquellos años atravesaba una etapa de anarquía.

En 1853 fue designado ayudante del Estado Mayor General de la división de Arequipa, momento en que ya ostentaba el grado de teniente coronel, y posteriormente, el 28 de junio de 1854, fue nombrado comisario de guerra. Batallas libradas en Ayacucho, Arequipa, Cusco y otros lugares, supieron de su valentía, que luego lo llevaron a servir en la Inspección General del Ejército en Lima en 1856. A fines de ese mismo año fue nombrado edecán de campo del presidente de la República y en 1857 empezó a ejercer el mando como artillero, para en el año siguiente ser ascendido al grado de coronel efectivo, por acción distinguida.

Cuando estalla la Guerra del Pacífico, el coronel Bolognesi es llamado del retiro para integrarse a las fuerzas peruanas, a lo que accedió inmediatamente quedando al mando de la Tercera División y con la que participó en las batallas de San Francisco y Tarapacá.

La vida por la Patria

Una vez tomada Tacna por el Ejército de Chile, el coronel Bolognesi estaba a cargo de la defensa de la Plaza de Arica y fue allí donde brilló con mayor fuerza su arrojo y espíritu de lucha por la defensa de su patria. Es así como el 5 de junio de 1880 el mayor Juan de la Cruz Salvo, representando al Ejército de Chile como parlamentario, se acercó al coronel Bolognesi para pedir la rendición de la plaza y así evitar un derramamiento de sangre, considerando la ventaja de las tropas chilenas y ofreciendo una capitulación digna para los vencidos.

Ante el requerimiento, el coronel Bolognesi replicó: «tengo deberes sagrados que cumplir, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho«, a lo que el mayor de la Cruz respondió: «entonces, está cumplida mi misión«. Antes de retirarse y ante la solicitud del coronel Bolognesi para consultar con su estado mayor, Juan de la Cruz fue testigo de la adherencia de los oficiales peruanos a las palabras del coronel, lo que terminó por sentenciar la suerte de los bandos: habría un nuevo enfrentamiento en Arica, y el coronel Bolognesi allí perdería la vida, dejando un legado imperecedero.

Un querido capitán

Por las tropas chilenas, otro héroe que inscribió su nombre con sangre en los anales de la historia militar, fue el capitán Tristán Chacón, a cargo del 3° de Línea en el Asalto y Toma del Morro de Arica, y caído en combate abrazado al pabellón patrio.

«Pocos oficiales del Ejército eran más queridos de los soldados que el capitán Chacón, que los miraba como hijos»; señalaba una carta del teniente Francisco Mayer del 3° de Línea, escrita en Pocollai, el 13 de junio de 1880, en palabras que implican un breve pero justo resumen a la figura de este entusiasta oficial chileno, que soñaba con la gloria de su patria.

Nacido en Melipilla el 17 de agosto de 1850, el capitán Tristán Chacón encontró la muerte poco antes de cumplir los 30 años, en los cuales desde niño mostró su interés y apego a las armas, jugando desde los siete a los soldados en la calle ancha de Talagante. Por aquellos años y ante su aspecto macizo pero ágil, su padre, don Francisco Chacón, le apodó “el General Bulnes”, en una época de pleno apogeo del también héroe nacional.

En 1866 y luego de obtener una beca efectiva, Tristán Chacón ingresó a la Academia Militar, donde luego de cuatro años de estudios, específicamente el 12 de enero de 1870, alcanzó el grado de subteniente en el Ejército de Línea.

Cuando octubre de 1879 ya finalizaba y en el momento en que el Ejército de Chile marcha desde Antofagasta para invadir Perú, Tristán Chacón era teniente del 3° de Línea, pero en la primera noche de navegación del convoy y producto de su avanzada edad, lamentablemente el capitán de su compañía, don Silverio Merino, perdió la vida, por lo que en el campo de San Francisco, debió hacerse cargo de su grupo, que era una de las guerrilleras del 3° de Línea.

En palabras del propio capitán Chacón, en carta escrita tres días después del combate de San Francisco, su corazón anhelaba este protagonismo: «En esta situación me llegó la hora que deseaba. Recibí la orden de atacar al enemigo con mi compañía tendida en guerrilla. Inmediatamente di cumplimiento a ella i comprendí mi responsabilidad. Llevaba 150 hombres de combate bajo mis órdenes i era necesario mirar por el honor no solamente mío sinó del raimiento, pues era la única compañía, que se desprendía de él para avanzar hacia el enemigo. Pero, en fin, ¿para qué hablarle canto de mí mismo? Concluiré diciéndole solamente que estoi contento i sin novedad la que menor. Perdí algunos hombres en el combate, pero mui pocos. He recibido felicitaciones de muchos i he merecido ser recomendado especialmente entre todos mis compañeros por el comandante del rejimiento al señor jeneral en jefe. Esto me basta»; señalaba el capitán Chacón a su padre, con la ortografía propia de la época.

“¡A la carga niños!”

El coronel Pedro Lagos, oficial con vasta experiencia en el Ejército de Chile, fue el encargado de conducir la estrategia para el asalto y toma del peñón histórico. Con la claridad que le entregaron los años, el coronel sabía que para lograr el objetivo, se requeriría de una acción rápida y sorpresiva de la Infantería, por lo que así lo dispuso y junto con ello, el puesto de vanguardia para el 3° de Línea, comandado por el capitán Chacón.

En el amanecer de ese recordado 7 de junio de 1880 y al mando de sus valientes soldados, marchó el capitán Chacón con su compañía guerrillera al asalto del Fuerte Ciudadela, clave para la toma del Morro y de la Plaza de Arica, y es de esta forma cómo el teniente Francisco Mayer, que lo acompañó en el momento del asalto, cuenta su lamentable fin:«Llegaba con su compañía al píe de las trincheras, i sus últimas palabras, antes de ser herido, fueron éstas;—»A la carga, niños!» En estos momentos recibió un balazo; i dice: «me han herido», i cae. Estas fueron sus últimas palabras. Su muerte fué bien vengada”.

El coronel Francisco Bolognesi y el capitán Tristán Chacón sin duda son ejemplos tremendos de patriotismo para estas y las futuras generaciones de soldados de Perú y Chile, respectivamente, y en este día de conmemoración de una de las páginas más recordadas de la historia militar de ambos países, se les rinde este sentido homenaje.

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