La Editora Nacional Quimantú se propuso la democratización del libro y la lectura mediante una política de producción masiva y distribución que abaratara sus costos y acercara libros y revistas a los circuitos cotidianos de trabajadores y trabajadoras, estudiantes, niños y niñas.

El 4 de septiembre de 1970, las fuerzas políticas de la Unidad Popular alcanzaron el poder por la vía democrática, erigiendo como presidente a Salvador Allende Gossens (1908-1973). Su programa de Gobierno contemplaba una ambiciosa transformación social a partir de cambios económicos, políticos y culturales. En este sentido, la educación y la cultura fueron entendidas como herramientas que iban a afianzar las «profundas transformaciones» emprendidas en el camino al socialismo, por lo que la promoción de la lectura y el acceso a libros y revistas tuvo un lugar relevante en la construcción de una «nueva cultura para la sociedad chilena» («Cultura y Educación». Programa básico de gobierno de la Unidad Popular. Santiago, diciembre de 1969, p. 27-32).

Dado este contexto emancipador, que abogaba por políticas democratizadoras en el ámbito cultural, se llevó a cabo el proceso de estatización de la Editorial Zig-Zag. La empresa, de propiedad de Sergio Mujica Lois, enfrentaba una grave crisis económica que derivó en un conflicto con sus trabajadores, quienes, hacia noviembre de 1970, acordaron un paro de actividades con el objetivo de que la editorial fuera integrada al área social de empresas del Estado (Molina, María Isabel. «Las prácticas editoriales en Quimantú». Quimantú: prácticas, política y memoria. Santiago Grafito Ediciones, 2018, p. 26).

El 12 de febrero de 1971 se firmó el acta de compra de todos los activos de la Editorial Zig-Zag, incluyendo sus talleres. Con fecha 1 de abril de 1971, se conformó la Sociedad Empresa Editora Quimantú Limitada, que inició sus actividades con el aporte de dos socios accionistas: la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) y Chilefilms.

El nombre del proyecto editorial surgió gracias a «Luz María Hurtado quien (…) encontró en un libro del padre Félix José de Augusta (1860-1935) las voces Kim y antú, que juntas significaban ‘sol del saber'» en mapudungun (Molina, p. 33), tras ser consideradas distintas denominaciones para la editora, como «Gran Editorial del Estado», «Camilo Henríquez» o «Editorial Estatal».

La naciente editorial – que tuvo como propósito principal facilitar el acceso al libro y la lectura mediante políticas de producción y distribución que abarataban los costos de edición y venta – estuvo organizada en tres divisiones en el plano editorial (División Editorial; División de Publicaciones infantiles y Educativas; División Periodística). El resultado de su trabajo se tradujo en colecciones de libros como Nosotros los chilenos, Quimantú para todos, Cuadernos de Educación Popular, Camino Abierto, Clásicos del Pensamiento Social, Cuncuna, entre otras, además de revistas como la revista infantil Cabrochico (1971-1972); la revista juvenil Onda (1971-1973); Paloma (1972-1973), orientada a público femenino; La Quinta Rueda (1972-1973), revista cultural; Ahora (1971) y Mayoría (1971-1973), revistas informativas de contenido ideológico; La firme (1971-1973); o la revista de deportes Estadio (1941-1982) que, junto a otras publicaciones de la antigua Editorial Zig-Zag, pasó a ser gestionada por Quimantú.

La editora estatal implementó colecciones de libros en un corto tiempo con líneas temáticas variadas, que eran definidas por su contenido, diseño, precio y tiraje. En términos generales, se trató de ediciones con diseños sencillos que privilegiaron el uso de la ilustración, la fotografía y la composición tipográfica más abstracta, apostando por el soporte del libro de bolsillo, como fue el caso de la colección Minilibros, que ofrecía clásicos de la literatura chilena y mundial.

Con tirajes que alcanzaban entre 20.000 y 50.000 ejemplares, Quimantú llegó con sus colecciones de libros y revistas a distintos espacios sociales gracias a la implementación de nuevos métodos de distribución, ampliando el circuito habitual de circulación en librerías, principalmente, por intermedio de la venta en quioscos ubicados en los espacios de tránsito cotidiano de trabajadores, estudiantes y otros sujetos sociales a lo largo del territorio nacional y, también, por intermedio de la vinculación directa con sindicatos, asociaciones y grupos de diversos tipos.

El desafío planteado por la Unidad Popular, los trabajadores y los directivos de Quimantú fue cumpliéndose en el corto plazo. En 1972, en la mayoría de los quioscos del país, y a precios accesibles, se encontraban las publicaciones de la editora, hecho que no tenía precedentes en la historia editorial chilena. Sin embargo, con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la Editora Nacional Quimantú fue cerrada por la Junta Militar y sus dependencias intervenidas por efectivos militares.

Al año siguiente, las autoridades de la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte (1915-2006) refundaron el sello editorial bajo el nombre de Editora Nacional Gabriela Mistral, dando continuidad -tanto en diseño como en formato- a colecciones como Nosotros los chilenos y Minilibros, pero modificando el contenido ideológico de sus publicaciones, con un giro nacionalista (Molina, p. 85).

Finalmente, casi una década después, el 20 de octubre de 1982 -tras su venta a privados en 1977, sucesivas malas administraciones, endeudamientos y grandes despidos de trabajadores-, se declaró la quiebra de la empresa y el cierre de sus talleres -que habían funcionado de manera ininterrumpida desde la década de 1930 con Editorial Zig-Zag- por lo que sus máquinas fueron rematadas (Soto Veragua, Jorge. Historia de la imprenta en Chile: desde el siglo XVIII al XXI. Santiago de Chile: Editorial Árbol Azúl, 2009, p. 194-241).

La actualización de este artículo se publicó durante noviembre de 2020 y fue desarrollada en colaboración con investigadores del proyecto Fondart Nacional, folio N° 484986: «Quimantú. Producción gráfica 1971-1973».

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