Entre 1830 y 1930 se desarrolló en Chile el ciclo salitrero. Miles de hombres y mujeres debieron no solo adaptarse a las complejas condiciones laborales propias de la minería del salitre, sino también a la vida cotidiana en el desierto más seco del mundo…

 

 

Desde 1830 hasta 1930 se desarrolló en Chile uno de los procesos económicos, sociales y políticos más trascendentes de la historia nacional: «el ciclo salitrero». Durante dicho período, en el que la economía del país se estructuró en base al llamado «oro blanco», miles de hombres y mujeres debieron no solo adaptarse a las complejas condiciones laborales propias de la minería del salitre, sino también a la vida cotidiana en el desierto más seco del mundo. Se formó así entre Pisagua y Taltal una particular sociedad pluriétnica, sustentada por una lógica del trabajo y la solidaridad y determinada en sus hábitos por el espacio vital del campamento minero.

Entre 1895 y 1899, se registró la existencia de 48 oficinas salitreras, en las cuales trabajaban más de 18.685 operarios; entre 1910 y 1914 esta cifra se triplicó, ascendiendo a 118 oficinas y 46.470 trabajadores. La cantidad de personas que vivía en una oficina salitrera variaba, de acuerdo a varios factores, como los procesos productivos que allí se ejecutaban, la compañía a la que pertenecía y el cantón salitrero al que correspondía. Cada cantón (unidad territorial que aglutinaba un grupo de campamentos) tenía un poblado central, donde los trabajadores y sus familias podían acceder a servicios que el campamento no ofrecía: espacios de diversión, servicios religiosos, sanitarios, educación, cementerios, medios de comunicación, comercio libre, etc.

Tanto el tamaño como la estructura de cada campamento dependían del sistema de procesamiento y extracción del salitre o lixiviación. Hacia 1830, se desarrollaba el sistema de paradas. Para entonces, los campamentos, ubicados siempre cerca del núcleo productivo, eran muy rudimentarios y pequeños. Las casas y habitaciones pampinas eran construidas de costra (como se conocía a la segunda capa del manto del caliche) cañas, cuero y adobe, y estaban equipadas con unos pocos muebles y cocinas a carbón. En 1876, la introducción del sistema Shanks en la salitrera San Antonio por parte del ingeniero James Thomas Humberstone, originó no solo un aumento de la productividad, sino que también un cambio en la distribución espacial de las oficinas. Estas, además de crecer ostensiblemente, comenzaron a adoptar una configuración de tipo urbano, organizada en torno a una plaza central con un quiosco de retreta. Contaban con corridas de casas dispuestas regularmente en calles, una administración ubicada en una zona alta desde donde era fácil escrutar toda la oficina, una pulpería y cantinas o fondas para los solteros. La planta de elaboración, si bien estaba próxima al campamento, formaba parte de una sección distinta, unida a los ripios y al primer sector de calicheras. Ahí también se encontraba la maestranza del ferrocarril, imprescindible dada la importancia de la línea férrea para el sistema salitrero.

De la mano de los adelantos técnicos en la producción del mineral, se impusieron otras innovaciones que afectaron la vida cotidiana de los campamentos: se popularizaron el zinc (calamina) y el pino oregón como materiales de construcción para las viviendas y el petróleo como fuente de energía. Así se conformó lo que Óscar Bermúdez denominó «la civilización Shanks», caracterizada por la arquitectura de las edificaciones y la conformación dentro de los campamentos de agrupaciones comunitarias como cuerpos de teatro, socorros mutuos y filarmónicas.

En 1926, en la oficina María Elena, se introdujo el sistema Guggenheim, método que significó un cambio importante en el método de lixiviación del nitrato y extracción del caliche, y que trajo consigo la ampliación de los campamentos. La calamina fue reemplazada por la madera, las habitaciones de los obreros casados se diferenciaron de las de los solteros (buques) y de los chalets del «barrio americano». El modelo de campamento Guggenheim – a diferencia del Shanks – comprendía la construcción de una iglesia y un mercado, entre otros servicios que otorgaban mayor autonomía respecto de los pueblos del cantón.

El impacto de la crisis económica de 1930 puso fin al ciclo salitrero y, con ello, a una forma de vida única en el mundo, el de la pampa calichera.

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