La leyenda de Make-Make

Cuenta la leyenda que, después de haber creado el mundo, el Make-Make sintió que algo faltaba. Entonces cogió una calabaza que contenía agua y, con asombro, se dio cuenta que al mirar en el agua veía su rostro reflejado.

Make-Make saludó a su propia imagen y notó que en ella había un pico, alas y plumas. Mientras observaba su reflejo vio a un pájaro posado sobre su hombro. Encontrando gran similitud entre su imagen y la del ave, unió su reflejo y el del pájaro para crear de ese modo a su primogénito.  No obstante, Make-Make quiso crear a un ser que tuviese su imagen, que hablara y pensara como él.

Entonces, en primer lugar fecundó las aguas del mar y entonces aparecieron los peces. Pero el resultado no era el que esperaba.

Luego, fecundó una piedra en la que había tierra colorada, y de ella surgió el hombre. Make-Make se sintió contento por haber creado al hombre, la criatura que él deseaba; sin embargo, al ver al hombre solitario, creó también a la mujer.

Make Make no olvidó su imagen de pájaro y llevó a las aves hasta los motu o islotes frente a Rano Kau para celebrar el culto de Tangata Manu, el hombre-pájaro.

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