La Quintrala

Tenía el pelo rojo como el quitral, por ello le llamaban la Quintrala. Su nombre, doña Catalina de los Ríos y Lisperguer. Hermosa y caprichosa, figura entre los más temibles criminales del siglo XVII.

En su hacienda de La Ligua y los alrededores dejó una leyenda de horror, atribuyéndosele pactos con el diablo. Desenfrenada,  fue indomable para su marido –que vivió poco tiempo- quien se convirtió en cómplice de su perversidad.

En la zona se cuentan los maltratos que propinaba a los indios de la hacienda, quienes debían fugarse hacia los montes. La Quintrala presidía los castigos sin conmoverse ante el dolor ajeno.

Acusada por sus crímenes fue apresada y juzgada por el comisionado de la Audiencia, quien la encontró culpable de parricidio y del asesinato colectivo de su servidumbre. Se le condujo a Santiago donde su astucia y dinero influyeron para dilatar el proceso.

Entre los pactos diabólicos que se le atribuyen está el que hizo para conseguir el amor del fraile que la casara. El fraile se resistió al acoso y se autoflagelaba, hasta que huyó hacia Perú para evitar a la seductora bruja. Solo volvió cuando supo del arresto y de sus enfermedades. Nunca confesó sus pecados mortales.

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