Como todos sabíamos, la derecha era minoría, y tenía que perder en las elecciones de ayer, lo que sucedió, y por lejos. Sin embargo,  la lucha por un Chile más justo y digno para las mayorías nacionales no ha terminado.  No faltan quienes, muy alegres, celebran que la derecha no obtuviera en la Convención Constitucional el escuálido tercio que necesitaba para que no se pudiera cambiar nada, pero la verdad es que tal jolgorio es injustificado. Efectivamente, la lucha por un Chile mejor deberá seguir, y aun con más fuerzas, a partir de este mismo momento.  Un breve análisis sobre el resultado de estas elecciones, obligan a hacer, por lo menos, los siguientes alcances:

  1. La clase política chilena profesional, que según serias investigaciones y encuestas no cuenta más de un 2% de respeto ciudadano, se coludió a fines del año 2019 para desviar el poderoso impulso popular que significó la rebelión nacional del pueblo de Chile contra el sistema neo-liberal vigente iniciada el histórico 18 de octubre de ese año. La vieja clase política, llamó al pacto producto de su colusión “Acuerdo por la Paz y la Democracia,” engendro que no se corresponde con ese título. No tuvimos paz, porque la represión no cesó nunca, con muertos, heridos, ciegos y mutilados en todo el país. Por supuesto,  tampoco ´puede llamarse “democracia” a lo que se trama a espaldas de pueblo, y contra él.

 

  1. La clase profesional  nacional  está compuesta por dirigentes de partidos y representantes políticos de la derecha, defensores a ultrance de la tanto rancia como nueva aristocracia empresarial y financiera, y, por otra parte, de un muy determinado número de parlamentarios de la ex – Concertación.  Inmediatamente después de su conciliábulo, impusieron en el Parlamento,  secretamente y entre gallos y medianche, la vergonzante ley 21.200, según la cual, entre otras vilezas: primero, eliminaba toda posibilidad de una Asamblea Constituyente, el único método existente para que un pueblo se dé una constitución política;  Segundo:  las reglas de las elecciones serían las mismas fijadas por la constitución de la dictadura, estableciéndose, principalmente,  que los partidos políticos institucionales tuvieran la primera opción en elegir delegados en la Convención Constitucional. Pues bien, no olvidemos que la gran mayoría del pueblo no sólo rechaza totalmente la actual constitución, sino la supuesta seriedad de los partidos políticos;  Y tercero, lo peor: resolvieron que los acuerdos que la Convención Constitucional tomara, no se aprobaran por la vía normal y lógica de la mayoría absoluta, sino por los dos tercios de los votos.

 

  1. Cuando ya se acercaban las elecciones, el gobierno de derecha de Piñera hizo todo lo posible para que una importante parte de la ciudadanía no pudiera votar, sobre todo aquella que contiene a la clase trabajadora y a los más pobres del país. En primer lugar, resolvieron una vez más que el voto fuera voluntario, a pesar de la importancia de estas elecciones. También se prometió que habría locomoción gratis, especialmente en la Región Metropolitana, donde vota la mitad de todo el país. La falacia era que los humildes de la periferia santiaguina acudirían a las urnas sin gastar sus escasos dineros en desplazarse hacia los centros urbanos para poder votar. Pues bien, esa promesa no se cumplió; etc., etc. Como resultado, no votaron muchos chilenos.  Si todos lo hubieran hecho, la aplastante derrota de la derecha hubiese sido mayor.

 

  1. Acaba de publicarse una muy seria investigación realizada por la Fundación SOL sobre el financiamiento de las campañas electorales. Salvo algunas excepciones con algunos personajes de la ex – Concertación sobre todo de la DC, los 11 mayores grupos económicos del país financiaron EXCLUSIVAMENTE con miles de millones de pesos las campañas de los candidatos de la derecha, especialmente de la UDI. ¿Por qué? La respuesta no puede ser más obvia: los grandes clanes económicos, con  sus descomunales ganancias que han significado la pobreza de millones, tienen en la derecha sus defensores políticos. Los candidatos independientes debieron afrontar sus pocos gastos electorales sin ayuda de nadie.

 

  1. Por lo expuesto, la conclusión es sólo una: ganó la gran mayoría de los chilenos a pesar de todas las trampas y ripios politiqueros que la clase política y el gobierno nos pusieron en el camino. Con este triunfo, se sella definitivamente el rotundo fracaso del sistema neo-liberal, impuesto a Chile por la derecha civil y militar. La mayor parte de las municipalidades y gobernaciones también están por cambiar las cosas, y en la elección más importante, la de la Convención Constitucional, la mayoría de los elegidos también lo están.  Repetimos: el plan de la clase política era impedir que Chile se diera una constitución completamente nueva y diferente, que barriera con las reglas del juego político y económico fijadas por la dictadura en la espuria constitución de 1980, así como con el sistema neo-liberal que fue traído a Chile desde Chicago, y, en fin, acabar con la constitución que se impuso en el país de manera fraudulenta e inmoral bajo una sanguinaria dictadura. Por lo tanto, el país ya está ad portas de acabar con el siniestro sistema económico neo-liberal, aún vigente, el mismo que ha traído el más brutal empobrecimiento de millones de familias. El conciliábulo del mal llamado “Acuerdo por la Paz y la Democracia” demuestra la realidad innegable que  la clase política tenía como plan solamente introducir algunos cambios en la constitución de la dictadura,  y que apenas terminaran algunas de las más evidentes y espantosas injusticias que encierra, como por ejemplo en materia de pensiones. Aun así, con todas las trampas, tretas y argucias que inventó, y aunque no todo el pueblo votó, esa clase política, perdió las elecciones, y por paliza.

 

  1. No obstante el triunfo, es preciso estar alerta. La lucha por justica y dignidad para Chile, no ha terminado. Las próximas movilizaciones deben seguir con el objetivo de evitar que la derecha tradicional consiga en la Convención Constitucional el 33% , o sea 52 constituyentes, que necesita para que no haya cambios en Chile. Sin duda, ya en estos momentos, dirigentes de RN, la UDI, los ultras derechistas Partido Republicano y Evópolis están dirigiéndose a las sedes de la DC, el PPD, el PS y otros por el estilo. Con sólo conseguir 52 votos para los acuerdos más importantes (de 155 en total), la derecha, y buena parte de las dirigencias de los partidos de la ex – Concertación,  dejarán todo igual como está.

 

  1. Finalmente, es muy importante tener muy en cuenta que la aplastante derrota de la derecha en estas elecciones no sólo revela la voluntad popular de producir cambios importantes en nuestra Patria, sino la posibilidad muy concreta que este triunfo se vuelva a expresar en las próximas elecciones del nuevo Presidente de Chile. En efecto, según lo ocurrido ayer, el nuevo Presidente de Chile no será otro administrador más del sistema neo-liberal, ni se someterá dócilmente a los designios del imperialismo norteamericano y la derecha internacional y nacional. Estas fuerzas, sumadas a los militares fascistas entronizados aún en nuestras Fuerzas Armadas, deben estar tremendamente preocupados y, probablemente, planeando alguna acción contra el pueblo chileno, debido a que el orden económico y político que sostienen está en peligro. Es una ilusión creer que se quedarán impávidos ante la posibilidad que en Chile las cosas cambien de raíz. En el futuro que viene, es preciso luchar por impedir toda intromisión del imperio en nuestros asuntos, e insistir en que los militares de Chile, como así lo ordena la ley,  observen la más absoluta fidelidad y lealtad hacia la ciudadanía.

 

 

 

 

Por el PROF. DR.  HAROLDO QUINTEROS.

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