En las últimas semanas hemos escuchado que el crecimiento de las personas contagiadas por el Covid 19, se debe a la irresponsabilidad de las personas por salir a la calle y de esta forma no respetar la cuarentena.

La conclusión de este rosario es simple: los ciudadanos son los responsables de que no disminuyan los contagios y con ello las autoridades responsables se desligan de toda responsabilidad.

Esta conclusión, desprovista de todo análisis, merece ser analizada.

Si bien la Organización Mundial de la Salud, recomienda la distancia social como una de las formas para evitar el contagio, la pregunta es ¿Es verdad que los tarapaqueños hacemos caso omiso a esta recomendación?

Los Tarapaqueños valorizan la vida, saben cuándo arriesgarse y cuando protegerse, este conocimiento profundo nace de una práctica muy simple y sencilla, que la mayoría de nosotros conocemos desde pequeños, sabemos cómo capear las olas, cuando retroceder, cuando avanzar y cuando enfrentarla. Para todos nosotros este es un juego, un motivo de alegría, de auto satisfacción y de resiliencia, porque cuando perdemos el desafío de enfrentar las olas y somos azotados sin piedad contra la arena, nos ponemos de pie y volvemos al desafío, para salir airoso.

Esto está tan arraigado en nosotros que no reflexionamos sobre nuestras propias capacidades; en consecuencia, no somos porfiados ni buscamos el suicidio altruista.

Una explicación de porque no baja el número de personas contagiadas por el Covid 19, es por las políticas urbanas impulsadas en los últimos 40 años, las que se caracterizaron por la construcción de conjuntos habitacionales para los sectores más vulnerables del país y de nuestra región, con calles estrechas, donde no caben más de dos vehículos, carente de infraestructura urbana, sin lugares de recreación en resumen todo estrecho, casi pensado para hacinar a los más pobres. Por el contrario, los conjuntos habitacionales correspondiente al 10% más rico, sus calles son amplias, dotadas de buena infraestructura urbana con lugares de esparcimiento y recreación.

Si observamos la política pública de viviendas, veremos una situación similar, las viviendas sociales de 40 o 50 metros cuadrados para familias con cuatro o más integrantes, cuya consecuencia inminente es el hacinamiento. Recordemos que en nuestra región el Índice de Hacinamiento es de un 13% y a nivel nacional es de un 7%, a lo anterior hay que agregar un déficit de aproximadamente 20 mil viviendas en nuestra y que SERVIU hace más de 20 años que no construye viviendas en Iquique

Un tercer elemento que debemos considerar es la precariedad de los empleos, el que se caracteriza por carecer de un contrato de trabajo y sin un sueldo fijo mensual. Porque quienes están en esta situación, deben salir cada día a ganarse el sustento diario, ya sea como coleros en las ferias ambulantes, limpiando parabrisas en las esquinas, lavando autos o de garzón en algunos lugares de comida. Ellos no pueden quedarse en casa por más que deseen hacerlo.

No somos porfiados, ni testarudos, simplemente quienes toman decisiones no dan cuenta que las políticas públicas aplicadas, en nuestra región y en el país, se sustentan ideológicamente en la discriminación, cuya desnudes hoy todos presenciamos.

La post pandemia debe demandar otras políticas públicas de urbanización y de vivienda, sustentadas en la inclusión y de una vez por todas, medir el empleo de forma más fidedigna y no solazarnos con supuestas tasas de pleno empleo, cuando sabemos que es una mentira.

Antes de culpar a los ciudadanos por la propagación, es recomendable dar cuenta de las causas estructurales e iniciar ahora los cambios que se requieren.

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